“hacer lo imposible, posible; lo posible, fácil; y lo fácil, elegante” — M. Feldenkrais
Para Feldenkrais, cuerpo y mente no son dos sistemas separados que se comunican, sino un solo sistema: cambiar un patrón de movimiento cambia también cómo pensamos, sentimos y nos percibimos. Sostenía que casi todos aprendemos a movernos de forma limitada, por hábito y no por diseño, y que ese “cómo lo hago” —no solo el “qué hago”— es lo que se puede transformar.
En vez de corregir o forzar, proponía aprender como aprende un niño: por ensayo, curiosidad y pequeñas diferencias, sin esfuerzo excesivo. Otra idea central es la de la autoimagen: la forma en que nos movemos, pensamos y sentimos construye una imagen de nosotros mismos, y esa imagen —no los límites reales del cuerpo— es lo que muchas veces nos frena. Trabajar el movimiento, para él, era una puerta de entrada para trabajar esa autoimagen.
Hoy el método Feldenkrais se usa en más de 25 países, tanto en el ámbito clínico como en el del alto rendimiento. En rehabilitación neurológica se aplica en la recuperación tras un ictus y en el acompañamiento de personas con parálisis cerebral, esclerosis múltiple o Parkinson, ayudando a reorganizar patrones de movimiento cuando las vías originales están dañadas.
En el espectro autista y con necesidades especiales se usa para ampliar el repertorio motor y sensorial de forma no invasiva y respetuosa con el propio ritmo de cada persona. En el terreno musculoesquelético, es habitual en la recuperación de lesiones, dolor crónico de espalda y cuello, y post-cirugías, como alternativa o complemento a la fisioterapia convencional.
Y en el mundo del alto rendimiento, ha sido durante décadas un recurso de músicos, bailarines y actores: el violinista Yehudi Menuhin, uno de los grandes solistas del siglo XX, estudió y trabajó directamente con Feldenkrais para resolver tensiones que afectaban su forma de tocar, y ayudó a difundir el método fuera de Israel; compañías de danza y escuelas de artes escénicas lo siguen incorporando hoy como entrenamiento de base, porque mejora la eficiencia del movimiento sin desgastar el cuerpo.
El método Feldenkrais es una forma de aprendizaje a través del movimiento. No es una terapia en el sentido clásico ni una gimnasia: es un sistema pensado para que el sistema nervioso descubra, por sí mismo, formas más eficientes, más libres y menos forzadas de moverse, pensar y sentir. Parte de una idea simple pero radical: cómo te mueves es cómo vives, y ese patrón se puede reorganizar a cualquier edad.
Moshé Feldenkrais (1904–1984) nació en Slavuta, en lo que hoy es Ucrania, y emigró de adolescente a Israel. Años después se instaló en París, donde estudió ingeniería y física, y llegó a doctorarse en la Sorbona trabajando junto a Frédéric Joliot-Curie en investigación nuclear.
En paralelo se formó en judo con uno de los discípulos directos de Jigoro Kano (el fundador de esta disciplina), y fue de los primeros europeos en obtener el cinturón negro; llegó a cofundar uno de los primeros clubes de judo y jiu-jitsu de Francia y a escribir varios libros sobre el tema.
Una vieja lesión de rodilla, agravada con los años, lo llevó a un punto en que los médicos le ofrecían una cirugía con apenas un 50% de probabilidad de éxito. Feldenkrais decidió no arriesgarse y, con su formación científica, se puso a estudiar por su cuenta neurología, fisiología, biomecánica, desarrollo infantil y psicología del aprendizaje, aplicando todo ese conocimiento a su propio cuerpo. Pasó años experimentando consigo mismo hasta recuperar la movilidad de su rodilla sin operarse, y de ese proceso de autoobservación nació lo que después se convirtió en un método: primero para sí mismo, después para quienes se acercaban a pedirle ayuda.
David Ben-Gurion, primer ministro de Israel, sufría de fuertes dolores de espalda. Feldenkrais trabajó con él durante años, y parte de ese trabajo incluyó enseñarle a pararse de cabeza, algo que Ben-Gurion terminó haciendo en la playa frente a la prensa, ya entrado en años, como muestra pública de vitalidad. La fotografía —Ben-Gurion en parada de cabeza en la arena— se volvió icónica y hoy sigue siendo una de las imágenes más conocidas asociadas al método.
Aquí puedes encontrar mi vídeo de YouTube:
El método que reprograma tu sistema nervioso
Este trabajo puede acompañarte si te mueves con dolor, si tienes patrones que se repiten y que con el tiempo empeoran o generan dolor crónico. Se refiere tanto al dolor postural que al dolor emocional o patrones de conducta, ya que desde la vista del método no son patrones separados.
También acompaño a profesionales de la danza, la música y el circo que buscan cuidar y afinar su instrumento de trabajo: el cuerpo.
Trabajo con personas mayores que quieren mejorar su estabilidad y su confianza al moverse.
Y es un acompañamiento potente junto al trabajo psicológico, en procesos de trauma, ansiedad, depresión y duelo (dispongo además de un grado en psicología, lo que me permite complementar mi acompañamiento con el de tu psicóloga o profesional habitual cuando se acude por temas emocionales o de salud mental) — porque el cuerpo también guarda lo que atravesamos.
Sirve para dolores crónicos sin causa aparente (cuando duele y los estudios no explican por qué) y para dolores que quedaron después de una lesión, una operación u otra intervención.
En el fondo, este trabajo es una invitación a volver a sentir tu cuerpo — a reconectar con esa sensación que muchas veces dejamos de escuchar.
Sí. Trabajamos los patrones de postura y tensión que se instalan al pasar horas en la misma posición, para que tu cuerpo encuentre apoyos más eficientes y el dolor deje de repetirse.
Sí, es justamente para estos casos. Cuando el dolor no tiene una causa estructural clara, el método trabaja sobre el patrón de movimiento y la organización nerviosa que lo sostiene, no solo sobre el síntoma.
Sí. Es habitual acompañar procesos de recuperación después de una lesión o una operación, ayudando al cuerpo a reorganizar el movimiento alrededor de la zona afectada sin forzar ni compensar en exceso.
Sí. Trabajamos desde el cuerpo, respetando mucho tu ritmo, y puede complementarse con tu proceso psicológico — cuento con formación en psicología para acompañarte también desde ahí.
Sí. Cuando la fisioterapia trata el síntoma local, este método aborda el patrón completo de movimiento que lo sostiene, buscando un cambio más duradero.
Duran unos 60 minutos en total. En la primera sesión empezamos con una breve conversación para entender tus objetivos personales. Si combinas estas sesiones con las clases grupales, también podemos tocar ahí las dudas o los temas que hayan surgido en esas lecciones. Según el objetivo de cada persona, la sesión puede darse en la camilla, de pie, sentada, o trabajando un movimiento específico con alguna herramienta.
Son clases semanales, con solo 5 plazas por sesión para mantener un ambiente íntimo y cercano, donde puedo acompañar de verdad a cada persona del grupo. Es imprescindible reservar tu plaza con antelación. Cada lección se adapta al grupo tal como las sesiones privadas se adaptan al individuo, por lo que también es apta para personas con capacidades físicas diferentes. Duran entre 45 y 60 minutos, moviéndote a tu propio ritmo, sin exigencia ni comparación.
Depende de cada persona y del motivo de consulta, pero muchas empiezan a notar cambios en las primeras 3–4 sesiones. Para procesos más profundos o de larga evolución, el trabajo suele extenderse más en el tiempo.
No. El método Feldenkrais no diagnostica ni sustituye tratamientos médicos; es un método educativo basado en el aprendizaje a través del movimiento, que puede complementar tanto a la medicina convencional como a otros acompañamientos terapéuticos.
Sí. El trabajo se adapta siempre a lo que tu cuerpo puede hacer ese día — muchas veces empezamos con movimientos mínimos, incluso imaginados, y desde ahí se construye el cambio.
No, para nada. El método está pensado para cualquier cuerpo y cualquier nivel de movilidad; no hay ejercicios que exijan una condición física previa.
No. El trabajo se hace siempre dentro de un rango de movimiento cómodo, sin forzar ni provocar dolor — la idea es aprender, no exigir.